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Tener una mascota es una cosa que ha marcado mi vida en este país y sin dudar ni un segundo puedo decir que no podría vivir sin una mascota nunca más. Con mi familia casi siempre vivimos en departamentos y como en muchos casos alrededor del mundo no se permitía tener mascotas. Antes de irnos a vivir a Colombia teníamos una perra salchicha llamada Angy, tengo muy pocos recuerdos de eso, después tuvimos tortugas y peces. Mientras mi hermano cursaba la universidad nuestras mascotas fueron arañas, escorpiones, sapos e incluso planarias (una especie de gusanos aplanados que desaparecieron de un frasco cerrado y nunca más las vimos). Algunos prim@s tenían mascotas y cuando les visitábamos era la única oportunidad que yo tenía para compartir con un animal así, pero debo admitir que nunca sentí que me hizo falta en mi vida tener una mascota propia y a veces incluso veía raro ese amor un tanto obsesivo que muestran algunas personas por sus animales. Cuando conocí a mi esposo, él me contaba historias de su perrita y lo mucho que la extrañaba y en algún momento dijo bromeando: la única vez que un hombre puede llorar es cuando se muere su perro y yo a mis 26 años aún no entendía de lo que él hablaba. Así mismo, mi esposo se sorprendía del mal trato que tienen las mascotas en Ecuador, no todas… pero creo yo que hay una gran población de perros que pasan encadenados afuera todo el tiempo y siempre vi eso como algo común, entendía que para el animal no debía ser bueno, pero no me quitaba el sueño saber que así pasan su vida muchos perritos. Muy poca gente en Ecuador está acostumbrada a hacer caminar al perro y creo que esto fue lo que más me impactó al llegar a Canadá, pues pienso que tener una mascota aquí es toda una responsabilidad y el amor que se les tiene viene con esa responsabilidad por encima de cualquier comodidad.  El perro en Canadá sale a caminar llueva, truene o relampaguee literalmente, pues ni las bajas temperaturas del invierno impiden que los dueños de mascotas salgan a caminar para que su hijo peludo pueda hacer ejercicio, sus necesidades y estar al menos un momento en su ambiente natural. Hasta este día no he visto un solo perro que pase encadenado afuera de la casa todo el tiempo.

Hace pocas semanas el perro de la tía de mi esposo se murió y ver la tristeza que causó en ellos me llamó muchísimo la atención, pero sobre todo me di cuenta lo mucho que voy a sufrir yo una vez que nuestra perrita (porque ya es mía también, no sólo de mi esposo o su famiia), nos deje. Después de casi dos años de vivir con ella, sé que es mi amiga y mi compañera en esta nueva vida, que si me siento triste la tengo a ella para abrazar y acariciar, que si estoy feliz ella comparte mi felicidad y sobre todo que ahora entiendo ese amor raro y obsesivo de muchas personas pues hoy lo siento dentro de mí y no puedo imaginar cómo sería mi vida sin Raisin.

Canadians & Pets (ENG)

Having a pet is something that has made an impact in my life in this country and now, without doubt I can say that I could not live without a real pet (cats and/or dogs). While in Ecuador and Colombia we always lived in apartments and as it’s the case in many places, that means no pets allowed. Before we went to live in Colombia we had a wiener dog called Angy, I have little memory of that, and after that our pets were occasionally turtles and fish. While my brother was studying in the university we had unusual pets like spiders, scorpions and even planarians (some type of flat warms that disappeared from a closed jar and we never saw again). Some cousins and friends had pets and when we visit it was the only chance for me to spend time with an animal, I liked it but  I have to admit that I never felt that something was missing and I thought it was weird when people showed that obsessive type of love to their pets. When I met my husband, he told me stories about his dog and how much he missed her; one time he even said: the only time when a man is allowed to cry is when his dog dies and me with my 26 or so years of age did not understand what he was talking about. My husband was also surprised of the way some Ecuadorians treat their pets. I know not all pets are mistreated but I think there is a big population of dogs that spend their life chained to a wall in the backyard or something similar to it their entire life and I always thought of that as a common thing even though I understood that it can´t be good for the animal. Very few people in Ecuador are used to taking their dogs for a walk and this is one of the things that made more impact in me when I got to Canada. Having a pet here is a whole other responsibility and it comes above comfort for the pet owner. A dog in Canada is walked regardless of the weather and not even the low winter temperatures will stop a human father/mother to walk the dog so it can have a little fun and stretch its legs. So far I haven’t seen a dog that is chained outside all the time.

A few weeks ago Ginger, the dog of my husband’s aunt got really sick and passed away and seeing all the sorrow that caused them was surprising for me, but it also made me realized how much I will suffer once our dog (it’s no longer just my husband’s) dies. After almost two years of living with her; I know she’s my best friend and my partner in this part of my life, I know she’s there to comfort me when I’m sad and she share my happiness as well. I now also understand and feel that weird obsessive love I saw in pet owners and I can’t imagine my life without Raisin.

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