Después de meses de preparación el 23 de Agosto del 2013 me despedí de mis papás y del flamante aeropuerto de la ciudad de Quito, todavía no estaba segura de como sentirme y en realidad había estado esperando esos momentos sola en la sala de abordar para poder analizar y procesar todo lo que estaba pasando, pero al menos hasta llegar a Panamá no lo podía hacer pues una de mis mejores amigas del colegio viajó con su familia en ese mismo vuelo y la verdad es que no concentrarme en el dolor de las despedidas o en el miedo de lo que estaba por pasar hizo que las primeras horas del viaje sean tranquilas y alegres pues mi amiga tiene 2 hij@s pequeños y además viajaron con el sobrino del esposo de mi amiga. Ellos continuaron su viaje a Estados Unidos y yo todavía tenía 6 horas en el aeropuerto de Panamá y después de terminar de leer un libro, decidí hacer lo que único que se puede hacer en un aeropuerto: dormir, leer, comer y hacer compras. El avión aterrizó en Toronto a la 1:00 a.m. del 24 de Agosto; sentía nervios, sabía que debía estar alerta y despierta para una entrevista en migración que advertían que podía durar hasta 2 horas y mientras caminaba los largos pasillos del aeropuerto repasaba la historia de mi relación, las fechas importantes, todo lo que tenía en mi equipaje y de vez en cuando paraba para revisar por enésima vez la carpeta con todos los papeles y formularios que la embajada envío a Ecuador hace unos meses atrás. Lo que duró 2 horas fue le espera de mi turno para la ventanilla de migración, estoy segura que me dormí parada un par de veces pero por suerte una vez llegado mi turno, fueron dos preguntas y ya, recogí mis maletas y salí con una sonrisa en cara, seguro por nervios o anticipación… reconocí la cara de mi suegro, mi suegra gritó “Steven!” y mi esposo corrió a mi encuentro y con un beso estilo Hollywood inició mi nueva vida en Canadá.

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